América Latina y el mal

Por José Pablo Feinmann

Y nosotros viviendo la luna de miel de la transición democrática. Hay –en estos momentos- un artesano exquisito dedicado a tallar el bastón de mando que Macri le entregará a Alberto Fernández. No hay carabineros furibundos ni tanques en las calles de Buenos Aires. Como dicen en algunas películas de guerra: “Está todo demasiado tranquilo. Algo debe estar por pasar”. Esperemos que no. El panorama no pinta bien para Alberto. La geopolítica está desquiciada. Trump, escapando de Medio Oriente, se ha concentrado en América Latina y todo indica que va a cambiar petróleo por litio. Al menos, en el sanguinario golpe de Bolivia se advierte que el litio juega un papel determinante. Lo explica muy bien el agudo y sin duda brillante sobreviviente Alvaro García Linera. Se salvó de las huestes golpistas de Bolivia y llegó a México junto a su presidente, del que ha sido vice, Evo Morales. Los dos ayudados por nuestro impecable Alberto Fernández, cuyo bastón de mando dirá: “Argentina de pie”. García Linera ha escrito y declarado que el litio es el futuro y el imperio lo buscará donde pueda estar. La riqueza es la condena de los pueblos en este mundo de la globalización neoliberal. Si en Medio Oriente sólo hubieran existido arvejas habría muerto mucha menos gente. Pero hubo petróleo. Y las grandes potencias de Occidente se desviven por el llamado oro negro. Así, en esa otra guerra que EEUU perdió –la guerra contra el terror- los cadáveres se han acumulado, los daños colaterales no han sido tal cosa sino objetivos premeditados –escuelas, mezquitas- y los niños y las mujeres, como siempre, han caído entre gritos de dolor y extrema destrucción. ¿El litio cambiará la mira de las armas del imperio? ¿El oro blanco reemplazará al oro negro? Así parece ser. Así ha sido en el país de los bolivianos. (más…)

Reflexiones de estos días agitados

Por José Pablo Feinmann

Se cumplen treinta años de la caída del muro de Berlín. Fue la fecha simbólica de la caída del socialismo, que se había deteriorado mucho tiempo antes. Fue, sobre todo, la bandera de largada para que el capitalismo se devorara el mundo sin nada que lo frenara. Muy pronto apareció alguien para decir que la historia había terminado. Fue el profesor nipo-norteamericano Francis Fukuyama. Se inspiró en Hegel, rector de la Universidad de Berlín (hasta 1831, fecha en que murió) y fiel y agradecido servidor filosófico de Federico Guillermo de Prusia. Con él, dijo, con su reinado filoburgués, concluía la historia humana. Fue Friedrich Engels el que, en el mejor de sus textos, El fin de la filosofía clásica alemana, comportándose como un verdadero hegeliano y no como Hegel, señaló que la historia no se detiene nunca, que avanza de contradicción en contradicción, de negación en negación, siempre abriendo nuevos horizontes, un poco anticipándose al Theodor Adorno de la Dialéctica Negativa. El mínimo Fukuyama cerraba el horizonte histórico con la caída del muro. Restaba ver qué hace el capitalismo con el mundo cuando no tiene quien se le oponga. Un campo de negocios, injusticias, hambrunas y guerras varias. Al Complejo Militar Industrial norteamericano no le gustó la teoría de Fukuyama. Denunciado por Eisenhower al final de su mandato como peligroso enemigo de la democracia, ese ente necesita renovar las hipótesis de conflicto para continuar fabricando armas. Es así como surge el libro de Samuel Huntington y su propuesta del choque de civilizaciones. La historia continuaba pero ahora el enemigo principal era el Islam. Para colmo, el terrorismo fundamentalista lleva a cabo la más destructiva de sus operaciones: el ataque a las torres gemelas. Y aquí empieza la cruzada guerrera norteamericana que –a esta altura de los hechos- es un fracaso que los ha llevado a una retirada casi tan oprobiosa como la de Vietnam. (más…)

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