Populismo y coronavirus

Por José Pablo Feinmann

No hay por qué dejar de hablar de Macri y su gobierno. Son (los dos) los gigantescos responsables de las más grandes desdichas que seguimos padeciendo y tanto cuesta remediar. La particularidad de Macri es que sigue hablando y, por consiguiente, diciendo dislates. Ahora fue en Guatemala (le gusta viajar al hombre) donde unió las palabras “populismo” y “coronavirus”. “Unió” es sólo una manera de decir. Macri no sabe unir nada, escasamente a su propia tropa. Pero sabe establecer antagonismos irreductibles. Dijo que el populismo es peor que el coronavirus. Es aberrante, ante todo, unir a una pandemia universal con un concepto político. Después dijo (buscando aclarar la cuestión) que el populismo contraía deudas y atacaba “la cultura del trabajo”. Algo que pareciera ser una ajustada descripción de su propio e infausto gobierno. Lo sabemos: contrajo una deuda demencial y destruyó el trabajo al destruir sus fuentes. Pero no mencionó al Estado. Él, Mauricio, que ha sido un aplicado y hasta obstinado neoliberal es un enemigo del Estado. Tal como lo fueron Videla y Martínez de Hoz que proclamaron la consigna “Achicar el Estado es agrandar la nación”. El Estado tiene la costumbre de intervenir en el mercado, algo que para los neoliberales es cuasi demoníaco. El mercado debe ser “libre”. Pero sucede que, librado a su propia dinámica, el mercado nunca es libre sino concentracionista, antidemocrático. Los grandes tiburones se comen a los pequeños peces y toda la actividad del venerado mercado se concentra en dos o tres manos, a lo sumo. (La concentración del mercado se observa en las góndolas de los supermercados, que sólo exhiben uno o dos productos que han hundido o se han devorado a los otros.) Milton Friedman, que fue el pope de la Escuela de Chicago, que asesoró a Reagan, Thatcher y Pinochet, solía decir que era preferible una dictadura sangrienta antes que la intervención estatal en el mercado. Odiaba al populismo. Macri, que sigue su linaje, también y sobre todo por eso: el populismo es inseparable de una concepción del Estado fuerte, que interviene en el mercado para equilibrarlo, para defender a los pequeños peces de los tiburones. No hay “mano invisible” en el mercado, nada que lo regule en el sentido de la justicia económica, en la democratización del mercado, algo que sólo lo consigue el Estado interventor, populista. ¿Qué es, entonces, el populismo? Una concepción del Estado fuerte, destinado a agrandar la nación, no a achicarla. Consagrado a equilibrar el mercado en beneficio de los pequeños y medianos productores. Consagrado, también, a distribuir con justicia la riqueza, empezando por los de abajo, por el pueblo. De aquí que se llame “populismo”. Nació con la comuna rural rusa a fines del siglo XIX y el mismo Marx lo consideró una forma de socialismo. (más…)

Mauricio Macri y Juárez Celman

Por José Pablo Feinmann

La figura poselectoral del ex presidente Mauricio Macri es penosa, irritante o, digamos, patética. Se trata de un personaje indescifrable. Es cierto que tuvimos presidentes campeones en eso de provocar vergüenza ajena. Galtieri (presidente de facto) era un fanfarrón prepotente. Menem se transformó de un modo asombroso. Pretendía ser un caudillo federal heredero de la cabellera de Juan Facundo Quiroga (eso que Sarmiento llamó “un bosque de pelo”) y pasó a ser un neoliberal muñecoide, adicto a los deportes y los estruendos de la farándula. Que privatizó todo lo que pudo y con esa privatización vendió el país a precios miserables que se guardaron él y toda la pandilla que lo acompañó. Se cansó, sin embargo, de ganar elecciones. Algo tiene que ver este pueblo con las nefastas figuras que lo gobiernan. De la Rúa decretó un estado de sitio beligerante y se fue dejando más de treinta muertos a lo ancho y largo del país. Era un político radical, centrista de toda la vida que, ni bien se calzó la banda presidencial, empezó a transformarse en un neoliberal rodeado de hijos ávidos y pidiendo blindajes a la banca financiera mundial, miles de millones que no blindaron nada y abultaron los bolsillos de sus amigos y familiares. Pero acaso Macri haya ido más allá. No vamos a insistir con la narración de los desdichados actos de su desdichado gobierno. Nos inquietan las cosas que hace ahora en el llano. Es cierto que él y los suyos no se sintieron tan, tan derrotados en las elecciones de octubre. Ese 40,8% (41% dicen ellos muy desafiantes) es una ofrenda que gran parte de nuestro pueblo les entregó para que siguieran estorbando, metiendo palos en la rueda cautelosa del nuevo gobierno. Cautelosa, decimos de esa rueda, porque tal vez no tiene más remedio que serlo. El 40,8% es parte importante de la herencia infausta que recibió el presidente Alberto F. Y alimenta el coraje aguerrido y belicoso de la oposición que comanda un ser hecho para la confrontación y no para el acuerdo solidario. Haber dejado a Patricia Bullrich como presidenta del PRO es una incitación al conflicto brutal, antidemocrático. Cuando lo hicieron ya sabían qué tipo de oposición harían. Una oposición salvaje, de choque, impiadosa. Pero Macri parece estar como ausente. Se lo vio en un video acusando a sus asesores de haberlo aconsejado mal. “Yo conozco a los mercados”, dijo. “Cuando no se les paga no prestan más”. Pero (insistía en decir) él había advertido a sus adláteres. “Así nos vamos a la mierda”. (A este campeón del antipopulismo le gusta usar el lenguaje áspero del tablón futbolero.) (más…)

Presos políticos y deuda ilegal

Por José Pablo Feinmann

En Cuba, Cristina dejó claramente expuesta su posición ante el FMI. Consideró ilegal a la deuda que se tomó durante la administración Macri con ese organismo. Los que prestan plata no pueden argüir que ignoran a quién se la prestan. La sra. Lagarde, de quien Macri señaló que el país debía enamorarse, debía saber necesariamente a qué gobierno le entregaba el préstamo más grande de la historia del Fondo. De ese gobierno la seducía que estaba dispuesto a seguir entusiastamente la ortodoxia de la economía liberal, que rechazaba a Venezuela y era parte creadora del desdichado Grupo de Lima y que estaba en una línea geopolítica en sintonía con los intereses de Occidente, en suma: un bolsonarismo a la Argentina. La razón del descomedido préstamo era salvar a este fiel amigo del default a cuyas puertas se encontraba. Los bonistas que hoy acosan a Kiciloff dieron sus dineros especulativos por las tasas de ganancia que Macri y los suyos aseguraban. ¡Qué gran negocio es prestarle a la Argentina! Las tasas de ganancia de los capitales buitres son enormes. Tanto, que al ofrecer el dinero debían saber que no lo iban a recuperar. Pero el dinero de las internacionales financieras (y muy especialmente el del Fondo, vigilado, controlado por EE.UU.) no es solamente para acumular ganancias desmedidas. Es para tener poder sobre los países deudores. Para someterlos a la geopolítica que esos dineros obedecen y representan. El mundo está tenazmente enfrentado. Hay que controlar eso que los norteamericanos llaman “el patio trasero”. Si a Venezuela se la bloquea o le embargan los dineros del petróleo, si en Bolivia avalan un golpe duro, sanguinario, en Argentina dominan por medio del dinero y la docilidad antinacional de los gobiernos que lo piden y lo aceptan de buen grado. Hay una simetría entre el canallismo exuberantemente cipayo de quienes reciben el dinero con el de quienes los prestan. Que, claro, no son cipayos sino que tienen intereses permanentes pero no patria, concepto del que abominan porque es nacionalista o/y populista. (más…)

La creación del poder

Por José Pablo Feinmann

La cuestión es: ¿es posible solucionar los desastres económicos, sociales y culturales que dejó el macrismo por medio de una política de diálogo y apelando a la solidaridad de los que más tienen? Tomemos el caso de los dos gobiernos populares que más favorecieron y dieron satisfacción económica y reconocimiento a los que menos tienen. Las clases dominantes que dieron el golpe contra Perón en el ’55 editaron un libro que titularon Libro negro de la segunda tiranía. Establecía una simetría histórica entre los gobiernos de Rosas y Perón. Esa simetría existe e invita a una reflexión profundamente actual. ¿Es posible una redistribución de la riqueza sin tocar intereses, al parecer, intocables? (más…)

América Latina y el mal

Por José Pablo Feinmann

Y nosotros viviendo la luna de miel de la transición democrática. Hay –en estos momentos- un artesano exquisito dedicado a tallar el bastón de mando que Macri le entregará a Alberto Fernández. No hay carabineros furibundos ni tanques en las calles de Buenos Aires. Como dicen en algunas películas de guerra: “Está todo demasiado tranquilo. Algo debe estar por pasar”. Esperemos que no. El panorama no pinta bien para Alberto. La geopolítica está desquiciada. Trump, escapando de Medio Oriente, se ha concentrado en América Latina y todo indica que va a cambiar petróleo por litio. Al menos, en el sanguinario golpe de Bolivia se advierte que el litio juega un papel determinante. Lo explica muy bien el agudo y sin duda brillante sobreviviente Alvaro García Linera. Se salvó de las huestes golpistas de Bolivia y llegó a México junto a su presidente, del que ha sido vice, Evo Morales. Los dos ayudados por nuestro impecable Alberto Fernández, cuyo bastón de mando dirá: “Argentina de pie”. García Linera ha escrito y declarado que el litio es el futuro y el imperio lo buscará donde pueda estar. La riqueza es la condena de los pueblos en este mundo de la globalización neoliberal. Si en Medio Oriente sólo hubieran existido arvejas habría muerto mucha menos gente. Pero hubo petróleo. Y las grandes potencias de Occidente se desviven por el llamado oro negro. Así, en esa otra guerra que EEUU perdió –la guerra contra el terror- los cadáveres se han acumulado, los daños colaterales no han sido tal cosa sino objetivos premeditados –escuelas, mezquitas- y los niños y las mujeres, como siempre, han caído entre gritos de dolor y extrema destrucción. ¿El litio cambiará la mira de las armas del imperio? ¿El oro blanco reemplazará al oro negro? Así parece ser. Así ha sido en el país de los bolivianos. (más…)

Reflexiones de estos días agitados

Por José Pablo Feinmann

Se cumplen treinta años de la caída del muro de Berlín. Fue la fecha simbólica de la caída del socialismo, que se había deteriorado mucho tiempo antes. Fue, sobre todo, la bandera de largada para que el capitalismo se devorara el mundo sin nada que lo frenara. Muy pronto apareció alguien para decir que la historia había terminado. Fue el profesor nipo-norteamericano Francis Fukuyama. Se inspiró en Hegel, rector de la Universidad de Berlín (hasta 1831, fecha en que murió) y fiel y agradecido servidor filosófico de Federico Guillermo de Prusia. Con él, dijo, con su reinado filoburgués, concluía la historia humana. Fue Friedrich Engels el que, en el mejor de sus textos, El fin de la filosofía clásica alemana, comportándose como un verdadero hegeliano y no como Hegel, señaló que la historia no se detiene nunca, que avanza de contradicción en contradicción, de negación en negación, siempre abriendo nuevos horizontes, un poco anticipándose al Theodor Adorno de la Dialéctica Negativa. El mínimo Fukuyama cerraba el horizonte histórico con la caída del muro. Restaba ver qué hace el capitalismo con el mundo cuando no tiene quien se le oponga. Un campo de negocios, injusticias, hambrunas y guerras varias. Al Complejo Militar Industrial norteamericano no le gustó la teoría de Fukuyama. Denunciado por Eisenhower al final de su mandato como peligroso enemigo de la democracia, ese ente necesita renovar las hipótesis de conflicto para continuar fabricando armas. Es así como surge el libro de Samuel Huntington y su propuesta del choque de civilizaciones. La historia continuaba pero ahora el enemigo principal era el Islam. Para colmo, el terrorismo fundamentalista lleva a cabo la más destructiva de sus operaciones: el ataque a las torres gemelas. Y aquí empieza la cruzada guerrera norteamericana que –a esta altura de los hechos- es un fracaso que los ha llevado a una retirada casi tan oprobiosa como la de Vietnam. (más…)

Los peores

Por José Pablo Feinmann

Argentina está en suspenso. Y ese suspenso produce angustia. Se supone que Macri ya fue, como dice la alegre canción que se canta con acentuado fervor. Pero Macri sigue haciendo gestos que demuestran que sigue buscando ser lo que ya no es. Pichetto dice frases agresivas. Carrió también. Una grabación atribuida a un político riojano de Cambiemos dejó de lado toda mesura y dijo una cantidad de atrocidades alimentadas por el odio. Fue creíble, porque necesitan odiar. Merecen el mote de “gorilas”.  (más…)

El elefante en el bazar

Por José Pablo Feinmann

Todo esto ya pasó. Y terminó tan mal como va a terminar ahora. La pena es que hayamos tenido que padecerlo de nuevo. Los de hoy –aunque mataron- no mataron a tantos como Martínez de Hoz y los suyos. Ni como el torpe De la Rúa y su policía desbocada, aunque encarcelaron más. Es triste tropezar tantas veces con la misma piedra. (más…)

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